
Hoy he visto la luz colarse por las vidrieras de una de las iglesias más bonitas que he visitado nunca (y he visitado muchas, incluso he repetido experiencia porque juraría que fui bautizado y tomé la primera y casi última comunión en la misma iglesia). Supongo que es el encanto del cristianismo en un país musulmán (moro ya es tabú). Pero lo mejor ha venido cuando he salido al exterior y he podido ver que la dichosa iglesia, así en minúscula, estaba totalmente encalada!!
Aunque mejor vayamos por partes. Como os comentaba, hoy he visto la luz y me he dado cuenta de que se pueden hacer fotos dignas con un móvil cuya lente es una basura. Eso sí, parece que tienes que estar en África para ello.
Érase una vez en china, cuando esta aún estaba medio dormida, mi fantástica canon con la que yo venía haciendo todo tipo de capturas fotográficas desde que me la compré para mi experiencia californiana, decidió que era momento de desaparecer de mi vida e implosionó. Desde entonces he ido capturando momentos más o menos importantes en mi vida con mi móvil LG y su lente basura, siempre con desasosiego.
Y es que no hay nada más triste que hacer las fotos de un viaje con tu móvil, siempre sin considerar lo triste que es de pedir y de robar.
Hoy, y con esto paro, he resucitado como tomador. Me he dado cuenta de que sí, la crisis se expandió hasta llegar a mi cámara pero no hasta mi retina. Y que con intención, una buena luz y una iglesia de las de toda la vida (y dejando atrás una aguda gastroenteritis) se puede hacer creer a la gente que está en Europa que Rabat es una ciudad fotogénica.

No hay comentarios:
Publicar un comentario